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Las personas influyen más que las marcas

Posted by Fanquimista on 16-ago-2011 20:15:20

Las empresas norteamericanas saben del poder de las redes sociales. La sociedad estadounidense enseguida adopta las nuevas ideas. Sobre todo, si sirven para hacer negocio o para conseguir que éste funcione mejor. El American way of life tiene sus pros y sus contras y muchos aspectos son criticables, desde luego, pero lo que no se puede negar es su espíritu emprendedor y su visión práctica de la vida. No en vano, en la actualidad, las grandes empresas de Estados Unidos son empresas de nueva creación, muchas de ellas pertenecientes al sector tecnológico. En cambio, en Europa (y en el resto del mundo, en general) las empresas que más ganan siempre son las mismas. Y los señores que las dirigen, también.

La cadena de cafeterías Starbucks es una de estas jóvenes empresas que sabe adaptarse a los nuevos tiempos y cuida la gestión de su marca en las redes sociales. Echemos un vistazo a Facebook: casi 25 millones de seguidores. Mientras que en Twitter tiene más de millón y medio. Estas cifras no son fruto de la casualidad.

Algunas de las acciones de marketing animan a participar a sus seguidores a través de las redes sociales. Starbucks puso a disposición de sus usuarios norteamericanos una aplicación con la que podían usar la tarjeta de pago online de un desarrollador de la aplicación de pago a través de móvil llamado Jonathan Stark. La campaña era irresistible: comprar café con la tarjeta de otro. Pero, al mismo tiempo, también pedía aportaciones económicas voluntarias. Todo el mundo podía participar dando dinero y, al mismo tiempo, comprando café.

Una tarjeta para comprar a disposición de todos los usuarios

Supongo que muchos pensarán en el enorme peligro de un acción de este tipo: que la gran mayoría gaste dinero pero nadie aporte. Pues no ocurrió así. Al menos, durante cierto tiempo. Al principio, poco a poco, la cuenta de Jonathan (Startbuck’s Jonathan Card) aumentó su saldo, hasta llegar a los 180 dólares. Con una portación mínima de muchos usuarios se conseguía una cantidad de dinero más que aceptable, al menos para comprar un producto asequible para cualquier bolsillo como es el café.

Pero, claro, lo que se consiguió con el esfuerzo de muchos, unos pocos lo malograron. De repente, 150 dólares se esfumaron de la Startbuck’s Jonathan Card. Supongo que si el culpable es una sola persona aún no habrá conseguido dormir bien. No por sentirse culpable... sino por la cafeína que debe de tener en su cuerpo.

En todo caso, esta acción ha demostrado algunos comportamientos que habría que tener en cuenta en una campaña de marketing viral. En primer lugar, y esto vale para la vida en general, hay que pensar que la mayoría de la gente es honesta, pero una pequeña minoría maliciosa puede echar al traste un buen plan o una buena idea. En segundo lugar, que una campaña tiene mucho más éxito si ofrece un nombre de persona como referencia y no el nombre de la marca. Y, por último, que si se regala algo a los clientes es muy probable que te lo devuelvan con creces. No diremos que es justicia poética, pero quizá sí justicia comercial.

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