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La paradoja de la privacidad en internet

Posted by David Sanz Frías on 22-dic-2014 17:02:56

Como ocurre todos los años, por estas fechas se publican "artículos-oráculos" que tratan de adivinar las tendencias que marcarán el desarrollo de los medios sociales durante los próximos doce meses. Algunas se cumplirán y otras no. Se habla de las implantación definitiva del comercio electrónico a través de los dispositivos móviles (¿no está ocurriendo ya?), de que los medios van a ser más visuales, de que LinkedIn va a cobrar mayor importancia, de que algunas redes sociales pueden comenzar a ofrecer un servicio de "monedero electrónico" y de lo que vamos a tratar en este artículo: el usuario va a exigir un mayor control de la privacidad, lo que, paradójicamente, va a implicar una pérdida de la misma.

Anuncios en Facebook y Twitter

El asunto de la privacidad está muy relacionado con los anuncios que se muestran en las redes sociales, es decir, con su financiación. En especial, Facebook y Twitter están evolucionando para que las marcas se promocionen afinando lo más posible el público objetivo y ahí es donde entra de lleno el manejo de los datos de los usuarios.

Facebook está limitando cada vez más el número de post que pueden ver los fans de una marca. El objetivo es que las empresas comiencen a usar los anuncios promocionados, de pago. Ahora bien, para que este tipo de promoción funcione, se debe elegir correctamente a los usuarios que la reciben. En otras palabras, Facebook necesita ciertos datos de sus usuarios (siempre de forma legal, cabe aclarar: las grandes redes sociales tienen mucho cuidado en no traspasar esa delgada línea que tanto molesta a los internautas).

Twitter, por su parte, quiere atraer a las pymes. Las tarifas son asequibles y la compañía está realizando grandes esfuerzos para mejorar la forma de presentar los anuncios y la facilidad de gestión.

Medios sociales anónimos

Este año 2014 hemos asistido a la aparición de varias redes sociales que basan su funcionamiento en una supuesta mayor privacidad. Algunos ejemplos son Snapchat, Sacret, Whisper o Telegram. Han tenido éxito porque no todos los usuarios desean que sus post, sus pensamientos o sus imágenes, estén visibles para todo el mundo.

Pero no hay que confundir la privacidad "que se ve" (el usuario elige qué se puede ver y quiénes lo pueden ver) con la privacidad "oculta". Estas redes sociales que prometen el anonimato (y que cumplen, al menos, de puertas para fuera) tienen, como cualquier otro medio social, la posibilidad de recopilar los datos de sus usuarios y usarlos para mejorar el servicio o, incluso, venderlos a otras empresas. Por otra parte, existe otro problema: los hackers ya han conseguido robar imágenes de estas redes. Por tanto, no se puede debatir sobre privacidad sin tener muy en cuenta también la seguridad (un poco como pasa en la vida real, en el mundo offline).

En este sentido, Facebook ha dado un par de significativos pasos: en primer lugar, va a comenzar a dar soporte oficial a Tor, el servicio de código abierto que permite navegar de forma privada, y, por otra parte, permite que, en las Facebook Rooms, los usuarios interactúen sin tener que revelar su nombre o localización.

La paradoja del control de la privacidad

Toda esta evolución de los medios sociales ha llevado a que los usuarios pidan un mayor control de los datos que las empresas de internet pueden, recabar, compartir o vender. Las compañías están escuchando a sus usuarios, dándoles la oportunidad de elegir lo que comparten y con quién lo comparten. La paradoja llega cuando, usando esa libertad, el usuario pierde parte de su privacidad.

Los usuarios, en las encuestas, dan mucha importancia a poder controlar su privacidad, pero, a la hora de la verdad, no están muy dispuestos a implicarse o pagar por ello. En la jerga económica, este fenómeno se denomina "endowment effect" y significa que la gran mayoría de la gente da más valor a lo que tiene por el mero hecho de ser suyo. (Un curioso ejemplo de este efecto psicológico es que la gente es reacia a intercambiar billetes de lotería.)

¿Qué implica este comportamiento para el comercio electrónico? Que el 90% de los clientes no confían en que las compañías mantengan sus datos seguros. Sin embargo, siguen usando sus web y comprando online. Así, dando más libertad a la gente para que elija qué información compartir lleva a que compartan más datos y aumenten su vulnerabilidad.

Por tanto, quizá el debate no tenga que centrarse en la privacidad, sino en cómo enseñar al usuario a gestionar de forma correcta sus cuentas en redes sociales o, en todo caso, en discutir qué pueden ganar si permiten que las compañías recopilen datos sobre ellos.

Un debate complejo  y abierto. ¿Tú qué opinas?

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